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Acordándome de momentos especiales en mis últimos viajes me di cuenta de que no había compartido aún con vosotros un viaje que me pareció uno de los más bellos, no por su extrema belleza, que no era poca, sino por algo mucho más profundo, porque me transportó a una época victoriana que no vivía desde mis cuentos de niña.

Os cuento, este viaje fue a Viena, la capital de Austria, una ciudad que cuenta con una de las más largas y complejas historias de Europa. Envuelta por el Danubio es una de esas ciudades cuyo patrimonio se construye a partes iguales entre pasado y futuro, mezclando inmensos palacios imperiales, donde dejar volar la imaginación es casi obligatorio, hasta construcciones más arquitectónicamente modernas.

 

 
Pero lo que realmente construye la identidad de Viena es su continua relación con el mundo de la música durante siglos. Grandes compositores como Bethoveen o Mozart dejaron su huella en la ciudad y muchas de sus más conocidas obras, lo que hace
que las calles de Viena estén impregnadas de un aroma de música de todas las épocas.
Paseo a caballo por los diferentes palacios
Una de los atractivos más especiales de Viena es pasear por la ruta de los palacios comenzando en Hofburg, que contiene uno de los museos a los que no puedes dejar de asistir, pues cuenta con la colección de los objetos personales de la princesa Sissí. Imprescindible también la visita al palacio Belvedere si se es un amante del arte, puesto que en su colección de pinturas podemos encontrar obras desde la Edad Media hasta nuestros días, incluso exposiciones del famoso autor de “El beso”, Gustav Klimt.
 “El Beso” de Gustav Klimt
Otra de las opciones es visitar el Palacio de la Ópera, donde se celebra el tradicional concierto de año nuevo o dar un paseo por Prater, donde se sitúa el parque de atracciones más antiguo del mundo, y no dejar de montarse en su antigua noria de 60 metros de altura, para después disfrutar de la gastronomía vienesa en
alguno de los maravillosos restaurantes con vistas al Danubio, donde pasear por su orilla se convierte en uno de los pasatiempos más habituales entre los turistas y los propios vieneses, además, en verano es muy agradable cruzar en barca el río.
 Paseo por el río Danubio
Música, arte, arquitectura, diversión, gastronomía… ¿Qué más se puede pedir?
Os espero en Viena.

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